viernes, 20 de febrero de 2009

Lo siento, en verdad lo siento

Lo juro. Sé que no merezco el perdón, pero lo siento. He estado estos últimos meses en la verdadera locura. No solamente por tratar de escapar de mi madre con sus continuas invitaciones a comer en familia, sino que la vida se va haciendo complicada con la edad...¡ay!, malditos sean los años.

Debo admtirlo, llega un momento en la vida en que, aunque una se conserve por fuera, las fuerzas se van haciendo un poco menos. Pero basta ya de hablar de cosas feas, como diría mi amigui la Vale, mejor quitarse esas ideas de la cabeza y concentrarse en lo bueno, que por bueno luego es fugaz y ni lo disfrutas.

Pues he de contarles que me he embarcado en un proyecto que me tiene emocionada. Sí, una revista, por fin haré una revista. Se veía tan sencillito desde afuerita, que dije: ¿por qué no? Pero la verdad es que las cosas son más complicadas de lo que cualquiera pueda creer.

Pero no derramen lágrimas, estoy bien y muy contenta. Ahora trabajo en una de las zonas más nice de la ciudad. Es súper in trabajar en estos edificios, todos hechos por arquitectos de nombres complicados y apellidos con letras dobles y toda la cosa.

Lo primero que hice fue conseguirme el outfit adecuado. Uno no puede llegar a estas zonas con la misma ropa que usa cerca de la casa. No, no, no. Imagínate llegar a trabajar sin por lo menos un "Louis Vuitton" grandote grabado en alguna parte del atuendo. Por ejemplo, yo lo traigo en la fundita de la lap. Se ve nice nice y cero pretencioso.

Además, voy a ser muy sincera, tuve que exigirle nueva Windstar a mi marido. No puedo permitirme llegar hasta acá en transporte público o con un cochecito compacto. Eso es para... ay, no me hagan decirlo, ya saben para quiénes.

Aún estamos aterrizando el proyecto, así que mándenme sus buenas vibras porque las necesitaré. Por lo pronto voy a asomarme a la terraza, porque la vista es maravillosa, y no sólo por la arquitectura. hay gente linda aquí, por donde lo mires, je.

Besos y prometo que nos estaremos viendo más seguido.

domingo, 15 de junio de 2008

Homer Simpson makes me horny

Tener hijos es una bendición, sí. Criarlos es el martirio que hay que padecer para merecer el cielo tan prometido a nosotras las madres. Cuando nuestros padres fueron niños las cosas eran sencillas: "a callar" y si no se callaban: una bofetada bien puesta solucionaba el asunto. A nuestra generación le fue un poco mejor: "ya cállate y ponte a ver la tele". La televisión, santa patrona de los hijos abandonados en casas bulliciosas. Pero a nuestros hijos algo les pasó, seguramente Chernobyl o las pruebas en el atolón de Mururoa, dejaron un rastro radioactivo que de alguna manera llegó a afectarnos en nuestras respectivas repúblicas bananeras.

Los niños de hoy son pequeños artilugios creados por una mente birllante, pero maléfica. La combinación entre una capacidad intelectual digna de un geniecillo harvariano de nuestra generación, aunado a una propensión rampante por los deportes extremos, han creado una generación de monstruos. Sí, monstruos, me duele decirlo, pero a mí sí me enseñaron a decir la verdad con todas sus letras. Y no es que la combinación no sea como para enorgullecer a cualquier madre, estoy orgullosa de mi hijo. ¡Pero una combinación así debería estar prohibida para menores de 18 años!

Hay que aceptar que son encantadores —al menos mis hijos lo son—, sí. Pero también hay que aceptar que hay momentos en que parece que buscaran la mejor manera de sacarnos de nuestras casillas. Están allí al acecho constante, buscando las maneras, las formas, los pequeños detalles que hacen que la bestia que vive en nosotras salga con toda su furia. Y lo peor de asunto es que lo logran y, para rematar, nos sentimos pésimo después de lanzar los gritos, agitar las manos de manera elocuente y desquiciada o, lamentablemente, darles una buena nalgada o cachetada. Y la culpa hace estragos en nosotras, porque además hay que mantener la postura para no perder los dos gramos de autoridad que tenemos ante los niños.

El otro día que estaba echada —después de un largo día de tensiones para logar que mis hijos hicieran la tarea, comieran las verduras, se bañaran y se apartaran dos metros de la televisión, etc.—, cuando comenzó el programa de Los Simpson's en Fox. Durante años he visto la serie, no soy una fanática, me hacen reir de vez en cuando, no sigo la serie de manera obsesiva ni nada. Pero justo ese día al ver a Homero estrangular a Bart con la consabida frase: "¡Pequeño demonio!", sentí unas ganas tremendas de tenerlo al lado, abrazarlo y besarlo. Entre la catarsis y la excitación me quedé viendo los tres capítulos seguidos que presentaron esa noche.

Una y otra vez Homero tomaba del pezcuezo a ese chiquillo malcriado y lo ponía en su lugar, porque no hay otra manera. De pronto los argumentos se terminan, los castigos dejan de ser suficientes y hay que demostrarles a esos demonios quién manda y Homero no tiene pudores para hacerlo. como quisiera que mi esposo tuviera de vez en cuando esos desplantes, de macho paleolítico y me ayudara, para variar, a controlar a los niños. Que se convirtiera en Homero Simpson como hace Bruce Banner con Hulk y les diera su merecido. Creo que así, aunque parezca imposible, lo amaría un poco más.

lunes, 28 de enero de 2008

Mi 'amiguis' la Vale

La conocí hace ocho años. Cuando las dos nos apuntamos en el Diplomado de Historia del Arte. Nos vimos desde lejecitos y, por lo menos, supe desde ese instante dos cosas:

1) Que era una de esas mujeres insoportables que sólo hablan de cuánto dinero les depositó el marido en la cuenta. Con tres hijos y una de esas camionetotas que avientan contra lo que se les ponga enfrente a la primera provocación . Hablando siempre de moda y estilo de vida.

2) Que seguramente era como acabo de decir y seríamos LAS amigas.

T razón en ambas cosas. Desde la primera semana nos convertimos en amigas inseparables. Ella siempre con su sonrisota y sus ojotes de cómic japonés y su belleza que a más de uno tenían con la boca abierta. Después de las sesiones del diplomado, ella y yo, junto con otras dos amigas, nos pasábamos el McDonald's de al lado a echarle tijera a todos nuestro compañeros. ¿Qué maravillosos días, aquellos?

Después, como es de esperarse, la vida nos fue llevando de la mano a complicaciones y más complicaciones. Afortunadamente la amistad que nació ha perdurado hasta la fecha. Ha soportado enojos, desencuentros, alegrías y tristezas de toda clase.

Ella tuvo a sus hijos, yo tuve al mío. Las ocupaciones nos fueron separando. Ahora nos vemos poco, la verdad. Hace unos meses, me tocó verla en su peor momento. Me llamó una madrugada, llorando cual Magdalena, su padre había muerto.

Conocí a su padre meses después de trabar amistad con ella. Un tipo genial, divertido, culto, sonriente. Gran hombre, incluso de tamaño. Recuerdo que me pregunté ¿por qué la vida tiene que ser tan real? Ella estaba a unas semanas de tener a su tercer hijo.

En fin, el tema ese que esta semana cumple sus 30 años y quería decirle cuán importante es para mi. Felicidades 'amiguis' Vale, que tengas un feliz cumpleaños.

(Este post tiene dedicatoria especial al puñado de acuarianos que se han cruzado en mi vida. No sé si podría decir que ha sido un honor en todos los casos, pero puedo asegurar que después de conocer a un acuariano tu vida nunca volverá a ser la misma)

jueves, 24 de enero de 2008

Otra vez mi madre

Acabo de terminar de chatear con mi hermano, después de darle 30 minutos de tiempo que no tengo. El resumen: mi madre lo sofoca. De un tiempo a la fecha le ha dado por querer tener unida a la familia, cosa que nunca ha sucedido. Se le ha metido en la cabeza que nos juntemos a desayunar una vez por mes y quiere que nos veamos el 3 de febrero a desayunar. Él no quiere porque siente invadida su vida privada. Nunca le ha gustado que le impongan las cosas. Además, dice, no puede porque tiene hartos compromisos desde hace tiempo ya.

El pobre de mi hermano esta que arde. Siempre fue el más independiente, el primero en vivir solo, el primero en querer hacer las cosas por si mismo. Vaya que ha cortado el cordón. Y bueno, mi madre debe entender que ya todos hemos hecho nuestras vidas, hasta ella y que a veces nuestros tiempos no comulgan.

El caso es que está desesperada por acercarse a sus hijos y mi hermano por salir corriendo. Hasta me dijo que, si se la vuelve a hacer, se larga al Canadá a la primera oportunidad. Yo lo tranquilicé, aprovechando que mamá no me ha llamado y todavía puedo conservar la compostura. Le dije que entendiera que ella ya está grande y quiere ver a sus hijos, que quizá quería recuperar el tiempo que perdió cuando se fue y demás tonterías que se me fueron ocurriendo. Al final él entendió, parece, y consintió en ir al desayuno mentado.

Lo que no puedo negar es que mi hermano tiene muy buenas ideas. Yo, por si las dudas, estoy marcando a la aerolínea para pedir los pasajes al Canadá antes de que llame mamá. Nos vemos luego... debo hacer las maletas para el viaje intempestivo.

miércoles, 23 de enero de 2008

La buena voluntad y la cultura

Acabo de colgar con una de las editoras. resulta que los textos que les he enviado están relindos y resimpáticos, pero no van con los targets que se proponían. Que vamos a un público B+ o C y que mis frases hermosas, poéticas y domingueras, están muy por arriba del NSE. Entre indignada por la crítica (sí es bello que te digan piropos del trabajo, pero decir que al final vale una mierda es algo insultante) y preocupada por los pobres jodidos que leerán la revista, los defiendo. “Mira Eri, que hay que tenerle fe a esa pobre gente. Sí, entiendo que hay que venderles hasta por debajo de la lengua, linda. Pero meterles un poco de cultura cuando más desprevenidos están nos da buen karma, ¿me entiendes?“.


Pero un carajo, que quiere que les dé la vuelta y quite las “frasecillas” (qué mona la Eri, tratando de sonar linda cuando está jodiendo el día). Así que ahora me dispongo a darle a los textos para entregarlos pronto y seguir arreglando este sitio.

Andate a cagar

Ayer estuve en uno de esos restaurantes que tienen tienda, farmacia y librería con un simpático pajarito que nadie se pone de acuerdo en qué es. El tema es que tenía que esperar que pasara un pago en mi cuenta del banco y aproveché para desayunar. Ya que se hizo el pago compré algunas revistas... mira que atreverse a publicar una totalmente dedicada a las tarjetas de esas con que se enajenan los niños... es para demandarlos. Pero no por el contenido, sino por hacernos gastar en porquerías a las mamás como si los nenes estuvieran becados de por vida.

Total que el punto es que la pasé relindo. Llegó a comer conmigo una amiga que trabaja en el edificio de atrás... en algo del espectáculo, vayan a saber. Ella siempre me explica, yo pongo cara de enterada y la felicito, y de todas maneras no tengo idea, pero me regala entradas a funciones especiales. Y digo que la pasé relindo porque además de la buena comida, un par de los capitanes de meseros me tiraban miradas socarronas y un jovencito de otra mesa no dejaba de mirarme. Vaya, que una tiene sus sentimiento y esas sobadas al ego hacen falta en esta ciudad atolondrante.

Pues bueno, entre la comida/desayuno, las revistas que me compré, unos dulcecitos relindos, las miradas halagadoras y hasta 9 boletos premiados que vendía una señorita; todo fue muy lindo. Pero ya lo dijo alguien, que si lo encuentro le estrello el frente de la windstar en el costillar, todo tiene un precio en esta vida. Y así fue, porque justo cuando ya salía del restaurant y andaba viendo qué otras monadas me compraba, del estéreo ultramoderno en exhibición se sueltan los éxitos más fermentados de Raphael. Andate a cargar, ¿por qué la clientela se tiene que fumar el pésimo gusto musical de los empleados?